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9/1/18

Antoni Subirà, fundador de CDC y ex conseller

El año 2002 la festividad de Todos los Santos cayó en viernes. El domingo por la tarde Jordi Pujol se reunió con su conseller en Cap, Artur Mas, y con su socio de coalición, Josep Antoni Duran Lleida. Posteriormente citó en Palau a otros consellers. Aquel puente se cerró con una crisis de gobierno destinada a hacer un ejecutivo a medida de Mas, delfín de Pujol y heredero de la candidatura convergente en 2003. La clara señal del lento adiós del pujolismo fue la salida del conseller de Indústria, Antoni Subirà, que hasta entonces había sido un intocable a pesar de ser muy criticado por la oposición. Así fue el fin de la carrera política de uno de los fundadores de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC). Antoni Subirà falleció de manera repentina el domingo en su casa de Premià de Mar (Maresme).
Antoni Subirà i Claus nació en 1940 en Mataró, en el seno de una familia dedicada a la industria textil. Tras doctorarse en ingeniería industrial en la Universitat Politècnica de Catalunya, obtuvo una beca Fulbirght y amplió sus estudios en el MIT de Massachussets hasta 1965. Aquel año volvió a Catalunya y comenzó a dar clases de dirección económica en el IESE. En paralelo ejerció de consultor para empresas como Nestlé, IBM, Cepsa y ACESA.
Casado con Josefa Comas, prima de Pujol, y con tres hijos, Antoni Subirà fue miembro del grupo de Premià (en el que había otros parientes), uno de los embriones de CDC, partido que fundó junto a Jordi Pujol, Miquel Roca y Anton Cañellas. Uno de sus hijos, Antoni, es en la actualidad teniente de alcalde del municipio. Subirà tuvo diversos cargos en el nuevo partido hasta que en 1980 fue elegido diputado al Parlament de Catalunya. Desde 1982 hasta 1989 fue el portavoz parlamentario del grupo de CiU, y en ese año fue nombrado conseller de Industria i Energia, cargo que ocupó hasta 1996, cuando el departamento se reestructuró, pasando entonces a ser conseller de Industria Comerç i Turisme hasta 2002.
Subirà, una de las personas de mayor confianza de Pujol, se mantuvo en el Govern hasta el aquella crisis de Todos los Santos, que supuso el principio del fin de la era pujolista. Fue substituido por Antoni Fernández Teixidó, entonces hombre de confianza del deflín Artur Mas.
Como conseller, Antoni Subirà promovió la internacionalización de la industria catalana, la creación del clústers, el fomento de la calidad y la investigación. Formó parte o presidió los consejos del Consorci per a la Promoció Comercial de Catalunya (COPCA), el Institut Català de Tecnologia, Turisme de Catalunya, Catalana d’Iniciatives, el Centre Internacional de Mètodes Numèrics de la UPC, o Fira de Barcelona. Pero el fuerte impulso exportador no le evitó ser duramente criticado por la oposición por su polémica gestión en los casos de la multinacional de componentes del automóvil Lear, la normativa del suministro eléctrico tras el gran apagón de 2001 o la Maison de la Catalogne de París. El tribunal Superior de Justícia de Catalunya le investigó por presunto soborno, caso que fue sobreseído, y criticó duramente el cas Turisme (malversación de fondos públicos del Consorci Turisme de Catalunya entre 1993 y 1995).
Tras su salida del Govern reemprendió la docencia. Había presidido el consejo de administración del diario Avui, fue miembro consejo asesor de la Fundació Centre d’Estudis Jordi Pujol, y el pasado año fue nombrado director de la Fundació Enciclopèdia Catalana, de cuyo patronato era miembro desde 2010.

5/12/17

Carles Santos, pianista, compositor y artista libre

A finales de los sesenta, el poeta Joan Brossa le espetó a Carles Santos: "Tocas muy bien el piano, pero y ahora qué?". Según el músico, "la pregunta fue mortal". Aquel día Santos (Vinaròs 1940) comenzó a pensar en como introducir elementos innovadores a su música que superaran las formas convencionales. Los encontró en la poesía, el teatro, la pintura, la escultura y la performance. Y así se convirtió en un artista libre y total. El encargo que en 1967 le hizo Brossa, su 'Concert irregular' para celebrar el 75 aniversario de Joan Miró, supuso el punto de partida del artista tal y como lo hemos conocido, y que el lunes falleció en su villa natal del Baix Maestrat.
A los cinco años ya tocaba el piano. Después estudió en el conservatorio del Liceo, en París y Suiza, y en 1961 inició una prometedora carrera de concertista interpretando a Bartok, Arnold o Webern. Pero la poesía surrealista, juguetona y visual de Brossa, y el simbolismo plástico de Miró influyeron enormemente en la concepción escénica de la música presente en toda su obra posterior. El 'Concert irregular' se estrenó en Saint Paul de Vence, Barcelona y Nueva York. Por aquel tiempo Santos comenzó a trabajar en las bandas sonoras de los filmes de Pere Portabella y de Jordi Cadena, e incluso dirigió un corto: L'àpat. Al año el compositor recibió una beca de la Fundación Juan March que le permitieron estudiar en Nueva York, donde entró en contacto con John Cage. El pianista clásico había desaparecido, nacía El creador liberto.
Santos fue uno de los iconos de la revuelta estética de la Barcelona de los setenta. Actuando en los festivales más importantes como el de otoño de París, el Musicalia de Milán, el de jazz de Moers o la bienal de San Juan de Puerto Rico, el músico fue un revulsivo en el agitado panorama artístico de la Barcelona del Saló Diana, l'Assemblea de Treballadors de l'Espectacle, la Ona Laietana de Zeleste o l'Espai 10 de la Fundació Miró. La contribución a aquella profunda y radical transformación cultural de la Catalunya post franquista, es quizás el mayor legado público del artista. Luego, durante los años 80, El Spektakel de Zuric, el festival Zürcher o las obras de música escénica que estrena en Sydney, Berlín o Barcelona, no hacen más que poner en valor el panorama artístico y creativo catalán del cual él es uno de los máximos talentos con difusión internacional. El humor, la sexualidad extravagante y provocativa y el juego interpelan al espectador a través de un lenguaje único y capaz de mezclar el cabaré, con la música clásica, la contemporánea o la poesía.
En 1992 compuso e interpretó la fanfarria de la ceremonia inaugural de los JJ OO de Barcelona i en 2001 la Bienal d'Art de València. Santos irrumpió en la era global con el mundo del arte rendido a su excelencia. Una docena de premios internacionales de composición, dirección e interpretación lo avalan. Una quincena de discos, una docena de espectáculos, casi treinta bandas sonoras, once largometrajes como director y instalaciones escultóricas como La Sargantaneta, que inauguró la Vinya dels artistes en la Pobla de Cérvoles (les Garrigues), testimonian la creatividad sin límites ni cortapisas de este hijo predilecto de Vinaròs y Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya (1999). El premio Nacional de Música (2008), la Medalla de oro del Círculo de Bellas Artes (2007), varios premios MAX de artes escénicas o la medalla de la Universiat de València son galardones que jalonaron la fecunda vida creativa de este artista total, que también disfrutaba dirigiendo la banda de una sociedad musical de su tierra.

29/11/17

Patrícia Gabancho, la porteña que soñó en catalán

En la ochava de la avenida de Rivadavia con Ayacucho, en pleno centro de Buenos Aires, el ingeniero Eduardo Rodríguez Ortega proyectó en 1914 un edificio modernista en el cuyos detalles ornamentales volcó su admiración por Gaudí. Cuando en 1999 fue restaurado, el arquitecto Fernando Lorenti agregó dos elementos más a modo de homenaje: un escudo de Catalunya y la frase 'No hi ha somnis impossibles'. Ese edificio es hoy, junto al Casal de Catalunya, en San Telmo, símbolo de la huella catalana en la Argentina.
Cuando la porteña Patricia Gabancho (1952) era joven el edificio estaba en plena decadencia, pero no el Casal. Conoció a los exiliados de izquierdas e independentistas, disidentes del centro cultural, y ellos le enseñaron la lengua y la cultura. Patricia, que falleció el martes en Barcelona víctima de un cáncer, comenzó a soñar en catalán en su Buenos Aires natal. Y, tras estudiar periodismo se trasladó en 1974 a Barcelona para ver como era la Catalunya contada. Y aquí ha vivido desde entonces.
En 1980, con 'Cultura rima amb confitura' hizo una sonora irrupción en el panorama cultural. El libro proponía un debate sobre la literatura catalana valiente y sin complejos. La polémica generada fue larga y no siempre justa con su propuesta modernizadora, pero la buena acogida de los sectores más jóvenes, que así entraron en el debate cultural, convirtieron pronto a su autora en un referente claro para la recuperación nacida al abrigo del Congrés de Cultura Catalana, y que tuvo en la fundación de la Associació d'Escriptors en Llengua Catalana uno de sus primeros puntales. Sobresalió en aquellos primeros encuentros de escritores catalanes, vascos y gallegos (GALEUZCA), y se creó una aureola de polemista inteligente y audaz con la que conquistó la escena literaria joven que emergía en los ochenta.
Y la Gabancho, como todos la llamábamos, pasó, con todas naturalidad, a ser escritora catalana; sin olvidar su tierra de origen: 'Barcelona, tercera pàtria del tango' (1990), con la que fuera su pareja Xavier Febrés, fue su segundo libro.
Patricia desplegó siempre en sus libros y artículos en la prensa escrita sus dos grandes áreas de interés: la social, con numerosos textos sobre urbanismo y la Barcelona metropolitana, como en 'El Besòs, el riu que mirava passar els trens' (1999) o el reciente 'Caminar Barcelona' (2016) y la cultural y política, con títulos como 'Despert entre adormits. Joan Maragall i la fi de segle a Barcelona' (1998), 'Apàtrides, incultes i (de vegades) analfabets' (2008), 'Crònica de la independència' (2009), 'La batalla de l'Estatut' (2010), la muy reciente 'Amalia i els esperits' (2017), Les dones de 1714 (2014), 'La autonomia que ens cal és la de Portugal' (2012)o 'El preu de ser catalans. Una cultura mil·lenària en vies d'extinció' (2007) donde vaticina la desaparición de la lengua y la cultura catalana en un par de generaciones. También publicó la novela 'La neta d'Adam', con la que ganó el premio Prudenci Bertrana el 2012. En la obra reconstruye la historia de su familia y, a través de ella, disecciona la historia moderna de la Argentina.
Además de colaboradora en populares programas de televisión como 8 al dia o Els matins de TV3, Patricia Gabancho fue miembro del Centre d'Estudis Sobiranistes y de la Assemblea Nacional catalana desde su fundación. También era vicepresidenta del Ateneu barcelonès desde 2014, y una persona siempre generosa para con sus compañeros de profesión.

6/10/17

Jesús Mosterín, filósofo de la racionalidad

A través de la razón el ser humano evalúa la mejor forma de alcanzar un objetivo, y actúa en consecuencia para satisfacer su necesidad. Ahora que esa facultad para obtener una lógica mental que permita formular juicios, o teorías válidas va a la deriva, es cuando la sociedad requiere con urgencia de los filósofos, esa gente de cuyo trabajo se sabe de su necesidad, pero que a menudo se desconoce su sentido en la vida cotidiana. Jesús Mosterín (Bilbao 1941), reflexionó sobre la racionalidad de cada día, diferenciando la teórica de la práctica, y ayudando a definir que toda evidencia racional es suficiente, pero jamás absoluta; es decir: revisable. Loable principio que debería ser de alto valor en estos tiempos en que la razón de la cosa pública pende de un hilo. Lo grave es que Mosterín ya no podrá iluminarnos. El filósofo falleció ayer en Barcelona. Nos queda su razón, no la olvidemos. es la obra de arte a la que dedicó su vida hasta que un cáncer de pulmón le abocó al momento del  "ideal posible de la buena muerte", algo mucho más razonable que la inmortalidad, según él mismo.
Antropólogo, filósofo y matemático, la obra de Jesús Mosterín abarca la  historia de la filosofía y de la ciencia, la ética aplicada al ser humano y a los animales, la antropología, la teoría de la cultura, la física cuántica o la biología. Tras estudiar en España, Alemania y Estados Unidos, obtuvo la cátedra de lógica y filosofía de la ciencia de la Universitat de Barcelona y, desde 1996, fue profesor de investigación del Instituto de Filosofía del CSIC, miembro del Center for Philosophy of Science de Pittsburgh, de la Academia Europea de Londres, del Instituto International de Philosophie de París y del International Academy of Philosophy of Science.
Formado en lógica en la universidad de Münster, Jesús Mosterín introdujo la filosofía analítica en España y la desplegó en terrenos tan diversos como la filosofía de la ciencia, la teoría de la racionalidad, la ética animal o la filosofía política. Sobre todo ello, y un derivado y largo etcétera, escribió una treintena larga de libros.
Defensor de la eutanasia, comparaba la vida a una novela que cada uno escribe. El primer capítulo (nacimiento) ya nos lo dan redactado, nosotros debemos seguir escribiendo el relato hasta intentar llegar al último episodio, la muerte. Sucede a menudo que algo inesperado nos sorprende y la novela queda interrumpida. Otras veces los médicos, sacerdotes o jueces nos usurpan el derecho a decidir el final de nuestro relato, imponen escenas patéticas y convierten la obra de arte que debería ser nuestra vida en un "bodrio lamentable", en palabras del propio pensador.
Este filósofo de la vida con alma de científico llegó al último capítulo de la novela de su existencia razonando la fórmula idónea para redactar sus últimas líneas. Consciente de que todas las evidencias, por racionales que sean, son revisables, Jesús Mosterín escribió hace ya dos años 'Mi cita con la parca', postrera lección sobre filosofía de la muerte, un último capítulo distante y sin temor a las emociones siempre engañosas; esas respecto de las que, por suerte, la razón nos protege.

15/9/17

Rai Ferrer, dibujante del colectivo Onomatopeya

Con el nombre de Onomatopeya, por la representación de los sonidos naturales de uso habitual en los tebeos, Luís Díaz, Josep Solá y Rai Ferrer formaron un colectivo de cómic y ilustración. Una mañana se subieron a un 600 y se fueron a Madrid a mostrar sus dibujos. Tenían la idea de hacer una serie sobre la historia de España contada desde la óptica anarquista. Pero tuvieron la mala suerte de llegar en pleno colapso por el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha y nadie les hizo ni caso. Enero de 1977, los meses más oscuros de la Transición. El país no daba para más.
En Barcelona tuvieron más suerte y colocaron la idea en Por Favor: Tiempo de estampas, se llamó, pero dibujaron a Millán-Astray en plan chulesco, y los denunció la Legión por injurias al ejército y casi van a parar a la Modelo. España seguía sin dar para más, pero los Onomatopeya contribuyeron a que la historieta y la lustración formaran parte del relato cultural de la época. Rai Ferrer (Manciles, Burgos, 1942), uno de sus miembros, falleció ayer en Barcelona a los 75 años.
Ferrer se trasladó a Barcelona con su familia de pequeño, y de jovenzuelo entró a trabajar en la editorial Bruguera haciendo recados. Aquello la permitió conocer a los autores de la historietas, pero hacer paquetes y traer cafés no era lo suyo: "así no me haría dibujante nunca", o sea que se largó a la editorial Marco hasta que la mili lo mandó a Lleida. Estando en el ejército leyó todo lo que pudo y hizo un periódico mural con dibujos, poemas y letras de canciones de los Sírex que el cura castrense rompía cada mañana; pero la suerte estaba echada.
De vuelta a casa se enteró de que en Argos necesitaban un director y ni se lo pensó. Así nació la revisa Strong, que creó junto a Miquel Agustí. Fueron 90 números y 3 extras (entre 1969 y 1971) que dignificaron la historieta gráfica, la internacionalizaron y le dieron un tono moderno y cosmopolita dando a conocer historias como Lucky Luke, Spirou los Pitufos (que en catalán ya publicaba Cavall Fort) o Gastón el Gafe, y autores locales como Jan con su Don Talarico. A pesard e su vida breve, Strong ha marcado a más de una generación de lectores, dibujantes y escritores; labró camino. El tebeo se hizo cómic, y los teóricos de la comunicación comenzaron a escribir sobre ello.
Después fundaron Onomatopeya. En 1975 comenzaron a dibujar ya a la Pasionaria y a Durruti, convertidos en personajes, no por militancia (Ferrer no tuvo jamás carnet de nada). Tras el convulso final del colectivo a manos de la Legión, Rai escribió un par de novelas y, en 1985, realizó el libro que había estado incubando desde que su madre le contó que había visto el entierro del líder anarquista Buenaventura Durruti, en 1936. 'Durruti 1896-1936', prologado por enrique Tierno Galván, y con dibujos realizados a partir de archivos gráficos, fue un éxito sonado; el mayor de la narración gráfica española en muchos años.
'Cien españoles de la razón y la espada', biografías, poemas e ilustraciones con las que construyó un relato sobre la historia de la República y la Guerra Civil y 'Vientos del pueblo', la historia ilustrada de la CNT en su centenario, junto a Calros Azagra, fueron algunos de sus siguientes títulos más reconocidos que fue creando mientras escribía críticas y artículos para Diario 16 o Diari de Barcelona. Dejó un guión para una historia de España que ilustrará Azagra.
Este viernes, a les 17.45 en el tanatorio de les Corts, se oficiará el funeral por Rai Ferrer.

14/9/17

Jacint Borràs, fundador de CDC

Jacint Borràs, Ferran Ariño y otros se reunían en los laboratorios Fides, propiedad de Jordi Pujol, y allí hablaban de política y de fútbol. En aquellos encuentros, al filo de los 70, ambas cosas podían ser igualmente clandestinas; por eso siempre había alguien que, distraídamente, cubría la salida. Poco después, tras convencer a Joan Granados, llevaron el catalán al Camp Nou, y mientras el gobernador civil Garicano Goñi se desesperaba por la inusual cantidad de niños que se perdieron el primer día en el estadio (y que Manuel Vich anunciaba en catalán), fundaron Convergència Democràtica de Catalunya en Montserrat. Los últimos años del franquismo el catalanismo político se movía así. Y uno de los que empujaba era Jacint Borràs. Miembro fundador de CDC y padre de la actual Consellera de Governació, Meritxell Borràs, Jacint falleció el martes en Barcelona a los 84 años de edad debido a un cáncer.
En buena lógica, pues, la vida pública de Borràs se dirimió entre la política y el fútbol. Con el carnet de militante 3.008, estuvo el noviembre de 1974 en la fundación de CDC. Fundó también la agrupación local convergente en l'Hospitalet de Llobregat, fue concejal de su ayuntamiento y presidente comarcal del partido. Y no lo tuvo nada fácil, porqué l'Hospitalet ha sido históricamente feudo socialista, y una de las plazas donde los nacionalistas cosecharon peores resultados. Su hija Meritxell fue también concejal en esa ciudad.
Quizás por ello el fútbol le dio mayores satisfacciones que la política. Fue miembro de la directiva de Agustí Montal en los 70, la época de Cruyff, de la primera liga en catorce años y del 0-5, y volvió de nuevo a ser miembro de la junta de Joan Laporta entre 2007 y 2010. Claro que esta segunda, y también triunfal, etapa se vio truncada por la acción de responsabilidad impulsada por el equipo de Sandro Rosell contra la directiva de Laporta.
Pero las personas acostumbradas a picar piedra, sea en el ámbito que sea, siempre acuden al rescate. Así, ya retirado de la política, el año pasado, durante el congreso fundacional del PDeCAT, Jacint Borràs aceptó presidir la pequeña estructura hibernada que queda de la vieja CDC hasta su total liquidación. Junto a Carlos del Pozo y a Roser Olóndriz, quedó encargado de administrar los restos de CDC, que conserva personalidad jurídica pero ya no política. También presidió la Fundació CatDem tras la muerte de Joaquim Ferrer y la Fundació Forum Barcelona hasta al disolución.
"El fútbol y la política han sido mis dos pasiones", declaró en una reciente entrevista. Jacint Borràs era de esa generación que se esforzó por construir un ideario de país abierto e inclusivo desde la política, pero que buscó siempre referentes en la vida de cada día: en el fútbol, por ejemplo. Las senyeres que él también contribuyó a llevar al estadio, fueron entonces una muestra de esa voluntad. La de los fundadores.

4/9/17

Joan Colom, el fotógrafo de la calle

La fotografía nació con la falsa idea de ser un arte objetivo. Tras ese espejismo se cometieron, y cometen todavía hoy, todo tipo de engaños y trompe l’oeïl. Algunos son pura estafa y manipulación, otros hacen de esta trampa un lenguaje artístico. Los fotógrafos de las vanguardias de los años sesenta desarrollaron su proyecto artístico entre el fotoperiodismo, nacido con los grandes conflictos bélicos del siglo, y el juego y la abstracción de los pintores vanguardistas de los años veinte. Francesc Català Roca, Xavier Miserachs, Colita o Oriol Maspons supieron dar una mirada renovada a la realidad de la España de la época. Pero de todos ellos fue Joan Colom quién consiguió un estilo verdaderamente original. Escondida en la mano, su Leica captaba la calle de forma intuitiva, sin interferir en la realidad, sin manipular ni detener la vida; respetando la manera de ser de la gente. Esos safaris, tal y como les llamaba él, son hoy el mejor y mas vivo testimonio de la vida en la Barcelona de postguerra y la progresiva transformación urbana de la ciudad. Joan Colom Altemir (1921), gran relator de la Barcelona del siglo XX, falleció ayer en su ciudad a los 96 años.
La mirada de Colom sobre la sociedad barcelonesa le vino de nacimiento. Hijo del barrio del Raval y de formación autodidacta, comenzó en 1957 a fotografiar escenas humanas de su barrio del Born y de las barracas del Somorrostro. “Yo hago la calle; fotografiando aspiro a ser el notario de mi época”, sostenía. Colom comenzó a trabajar de muy joven en un taller de publicidad cinematográfica. Tras estudiar comercio entró a trabajar en el departamento de contabilidad de una fábrica textil, trabajo que mantuvo hasta 1986. Tras casarse en 1955 comenzó a hacer fotos en 1957 y, al año, ingresó en la Agrupació Fotogràfica de Catalunya. En 1958 presentó una colección de imágenes en el Salón Internacional de Fotografía de Murcia y ya obtuvo un premio.
Pero a Joan Colom le iba  la realidad de la calle, no los salones, y comenzó a fotografiar la gente del Barrio Chino, el actual Raval. Es en ese relato cotidiano, fotografiando prostitutas, niños descalzos y malnutridos, tahúres, vagabundos y toda la gente que conocía desde pequeño, cuando vivía en la calle Joaquim Costa donde sus padres regentaban una floristería, donde desarrolla su original estilo, que combina el testimonio de la marginación con la modernidad del reporterismo gráfico.
En 1959 sus fotografías se vieron por primera vez en París, junto al grupo Les 30x40. Pronto el boletín de la AFC y la revista Arte fotográfico lo acogieron en sus páginas, y en 1960 participó en la creación del grupo El Mussol junto a Jordi Munt, Enric Garcia Pedret, Ignasi Marroyo y Josep Alberó, entre otros. La llamada nueva vanguardia tomaba forma, y sus fotos se mostraron pronto en la Sala Aixelà. En aquella muestra ya fue calificado por la crítica como el mejor reportero gráfico del país. En 1962 la revista AFAl le dedicó un extenso dossier, y formó parte de la muestra 11 fotógrafos españoles, en París. El público generalista y poco avezado a la fotografía lo conoció gracias a un extenso reportaje sobre el Somorostro que publicó en el diario El Correo Catalán.
Fue Oriol Maspons quién le presentó a Ester Tusquets, que por entonces ponía en marcha la editorial Lumen. Pronto le encargó un trabajo para la colección Palabra e imagen. Eran libros en los que se asociaba un texto literario con  fotografías. Vargas Llosa i Miserachs, Aldecoa i Masats y Maspons y García Lorca precedieron al libro Izas, Rabizas y Colipoterras, de Camilo José Cela y Joan Colom. Este libro supuso la consagración artística de la nueva vanguardia fotográfica, pero a Colom la trajo muchos problemas: una mujer que aparecía fotografiada le denunció. A causa de sete escándalo Colom dejó la fotografía, y no reapareció en público hasta los años 90, cuando recorrió de nuevo las calles del viejo Barrio Chino para dejar una nueva visión de la transformación del centro duro de Barcelona.
Todo el archivo de Joan Colom está depositado en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) desde 2012. Un año después el museo le dedicó una extraordinaria antológica comisariada por David Balsells y Jorge Ribalta. Pero el gran museo de Colom sigue siendo la calle y la gente que la habita.



26/8/17

Jordi Cuyàs, artista multidisciplinario y agitador cultural

Mataró es una de las capitales catalanas de las artes plásticas. Con una gran vitalidad durante las primeras décadas del siglo, es tras la guerra cuando el pintor Rafael Estrany (1884-1958), quien contribuyó a salvar numerosas obras durante la contienda, inicia una época que coloca a la capital del Maresme en primera línea de la creación artística. Desde entonces, son varias generaciones de pintores con nombres como Francesc Fontanals, Santiago Estrany, Jaume Arenas, Manuel Cuyàs i Duran, Manuel Cusachs, Josep Novellas, Josep Maria Rovira Brull, Terri, Eduard Alcoy, Perecoll, Marta Duran o Josep Maria Codina, por citar algunos, las que han hecho de Mataró una auténtica ciudad de las artes. Jordi Cuyàs, hijo de artista, formaba parte de la generación que irrumpió a primeros de los 80 con un discurso transgresor y multidisciplinar que situó a la ciudad en línea de la modernidad. Pero Cuyàs falleció el jueves por la tarde de manera repentina, dejando en estado de shock a Mataró.
Jordi Cuyàs (Mataró 1957) estudió comercio porqué su padre, el dibujante y pintor Manuel Cuyàs i Duran, insistió en qué se preparara para poder dirigir algún día el negocio textil de la familia. Pero él quería ser pintor y,  tras el comercio, se matriculó en el instituto Alexandre Satorras, donde nos conocimos, fuimos compañeros de clase, amigos y, lo confieso, hizo por mi alguna lamina: dibujar no es lo mío. Tipo tan genial como humilde, años después me resumía su vida con esta sencilla frase: "Mi padre me pidió que estudiara comercio para tener algo seguro con que ganarme la vida, y que pintara como hobby. Al final toda la industria textil de la ciudad cerró, y yo me gano la vida con el arte". Un día de finales de 1979 nos encontramos por la calle. y me dio una octavilla: era una invitación a su primera exposición; cromos y dibujos junto al polifacético Terri. Había nacido el artista.
Jordi Cuyàs, hermano del periodista Manuel, fue un artista plástico total. Se licenció en bellas artes y practicó la pintura, la escultura, el dibujo, el diseño gráfico, el vídeo arte, la performance y la docencia en la escuela de arte Pau Gargallo de Badalona. Además de numerosas exposiciones por toda Catalunya, Cuyàs realizó carteles, catálogos, folletos, calendarios e incluso imágenes de marca como la de la Biblioteca Pompeu Fabra o la de la sala de exposiciones de Can Palauet, entre otras. Él mismo se definía como un artista visual.
Muestra de su prolija creatividad multidisciplinar, a principios de los 80, junto al poeta Josep Manuel Calleja i al escultor Jaume Simon, fundó el grupo CAPS.A.. Heterodoxos y transgresores, tras unos años de intensa actividad, y otros de barbecho, sorprendieron en 2013 con 13 acciones (una por mes i el resumen), en las que invitaron a participar a poetas, narradores, bailarines, músicos, estudiantes y ciudadanos de Mataró en general. Fue una pequeña, pero poderosa, revolución en medio del erial cultural de los años más duros de la crisis.
Pero la obra por la que mucha gente, vecinos incluidos, conocen a Jordi Cuyàs es sin duda La Matarona, una escultura modular que realizó en 1986 junto a Jaume Simon, que puede tener muchas formas y que, tras pasearse por diez espacios urbanos de toda Catalunya, presidió la plaza de Europa de su ciudad hasta que unas inoportunas obras hicieron que se retirara. El ayuntamiento lleva tiempo anunciando una próxima ubicación. El propio artista me lo anunció hace...
Pero Jordi Cuyàs era un hombre generoso y sin afán de protagonismo, que prefería hablar con el arte y situarlo en el centro de la vida. Quizás por eso sonreía tan a menudo.

23/8/17

Eduard Castellet, ex presidente de la Fundació Miró

Para hacerse cargo de un negocio vinculado a la moda en plena postguerra se había de ser muy atrevido, aunque la empresa produjera una prenda tan poco susceptible a las tendencias, en aquella época, como la corbata. Eduard Castellet (Barcelona 28 de marzo de 1930) dejó los estudios a los catorce años y entró a trabajar en la fábrica familiar de corbatas. Mientras su hermano, Josep Maria (Barcelona 1926-2014), estudiaba derecho, él se convirtió en empresario autodidacta. En 1947 ya era el gerente de la empresa. En plena autarquía "La única forma de mejorar el producto", me contó una vez, "era visitar las ferias italianas, preguntar como trabajaban, tomar notas, inspirarnos en sus diseños y, sin imitarlos, seguir sus pasos". Su hermano fue crítico literario, escritor, editor y director de Edicions 62. Él, fabricante de corbatas en una España sin colores ni diseños, fue un apasionado de la literatura, el cine y el arte, que se formó leyendo sin parar durante la larga temporada que la tuberculosis lo tuvo postrado en la cama. Y, cuando en 1995, dejó la empresa, se dedicó en cuerpo y alma a la cultura. Eduard Castellet i Díaz de Cossío falleció el viernes en Barcelona a los 87 años de edad siendo presidente emérito de la Fundació Joan Miró de Barcelona. La institución de la cual fue su cuarto presidente comunicó el deceso.
Del 1969 al 1992 fue presidente del Club de a Corbata y vicepresidente de la Federación Internacional de Industrias de la Corbata (FIIC). Pero para entonces ya había comenzado a repartir su tiempo entre la empresa y la cultura. En 1960 fue editor de la revista Promos, miembro de la Fundació Phonos, dedicada la música electroacústica e impulsada por Josep Maria Mestres Quadreny, miembro fundador de la Fundació Llorenç Artigas, dedicada al eminente ceramista y, en 1989, fue nombrado presidente de la Fundació Joan Miró de Barcelona.
Eduard Castellet fue el presidente de la segunda ampliación del centro artístico. También consiguió el depósito de la colección de obra mironiana de Kazumasa Katsuta, una de las mas importantes del mundo y organizó la exposición conmemorativa del centenario de Joan Miró, además de las dedicadas a Mark Rothko, Alexander Calder y eduardo Chillida. La que fue directora de la Fundació, Rosa Maria Malet, destaca la responsabilidad en sus funciones y el respeto hacía el trabajo del equipo, cosa que propició un muy buen ambiente.
Apasionado por todos géneros culturales, se dedicó también a la escritura. Unos años antes de jubilarse como empresario, Eduard Castellet abordó su autobiografía de infancia y juventud en tres volúmenes: Norbury (1987), L'edat breu (1989) i Passeig enrere (2000).
Castellet también estuvo vinculado a las Joventuts Musicals y al Centre UNESCO, además de ser miembro de la Associació d'Escriptors en Llengua Catalana. La Generalitat le concedió la Creu de Sant Jordi en el 2012. Y nunca creyó que llevar corbata fuera un símbolo clasista o cosa de la gente de derechas.

15/8/17

Ramon Bioxadós, el gestor infatigable

Quién más quién menos, cuando se acerca a los 65 años anda ya pensando en lo que ara el día que lo jubilen; eso si no es un afortunado prejubilado. Ramon Boixadós i Malé (Figueres 1927) pensaba lo mismo cuando, siendo responsable de las infraestructuras de los Juegos Olímpicos de Barcelona, estaba a punto de cumplir esa edad: "ya tengo ganas de que llegue ese día para poderme dedicar a leer, me esperan varios libros de historia". Pero, a la postre, decidió que ese día no llegaría jamás "porqué la experiencia es fundamental". Así dedicó su teórica jubilación a presidir la Fundació Gala-Salvador Dalí, la mutua Ibermutuamur y el Port Olímpic de Barcelona, a ser consejero de Hewlet Packard Iberia, miembro del patronato del Museo Olímpico de Lausana y a pasar 20 días al mes en Madrid y el resto en su ciudad natal por trabajo. Hasta que el sábado pasado, casi a los 9o años de edad, los habría cumplido el 31 de diciembre, falleció en su ciudad natal; al pie de la fundación que contribuyó a fortalecer y proyectar.
Hijo de maestros que le llevaron a vivir a Llançà y Barcelona (su padre fue depurado tras la guerra), Ramon Baixadós fue ingeniero de formación (se doctoró en 1952), y marchó a París para ejercer su primer trabajo. Presidente de Renfe (1983-1985), coordinador general de las obras olímpicas de Barcelona (1989-1992) y consejero delegado de la Vila Olímpica, dejó especialmente su huela de gestor incansable en la Fundació Gala-Salvador Dalí, que presidió desde 1991.  La casualidad le llevó a nacer en la casa Romaguera, justo al lado del Teatre-Museu de Figueres, pero él solo había visto al pintor en dos ocasiones, una en la librería Canet de su ciudad, la otra en el Set Portes de Barcelona. Su objetivo al frente del legado museográfico de Dalí fue claro y ha sido cumplido con creces: proyectar la herencia de Dalí por todo el mundo. Para ello promovió los tres museos del llamado 'triángulo daliniano' (Figueres, Púbol i Port Lligat), impulsó un ambicioso programa de exposiciones internacionales y organizó la gestión del patrimonio del pintor en dos áreas: una de artística, que poso en anos de expertos en la obra de Dalí, y otra de administrativa y comercial. La gestión de la explotación y la lucha conta el fraude y por la protección de la propiedad intelectual del pintor fueron sus grandes campos de batalla. Las colas que hay cada día frente al museo de Figueres son la muestra palpable del resultado de su gestión.
Esa misma determinación en su trabajo de gestor le llevó a firmar con el alcalde Pasqual Maragall la retirada de las vías del tren del frente marítimo de Barcelona antes de que la ciudad obtuviera los Juegos. Antes, había comprado Bedeaux España junto a Enric Massó, ex alcalde de Barcelona, una empresa en la que entró a trabajar en 1955 y de la que terminó siendo consejero delegado en 1982. También había asesorado a los astilleros de Vigo, donde conoció a su esposa, Carmen Ruíz de Aguiar, con quién se casó en 1955 y tuvo tres hijos. De carácter fuerte y decisiones tan pensadas como contundentes, Boixadós aprendió de la experiencia, valor en el que siempre creyó. Según había declarado, su ingente capacidad de trabajo se fundamentaba en dormir mucho y comer poco. Este mismo 2017 la Generaliat la ha concedido la Creu de Sant Jordi.

11/8/17

Xavier Benguerel, compositor. Autor del Llibre vermell

A menudo se dice que los hijos terminan por hacer lo que ven en casa. En casa del compositor Xavier Benguerel, ya fuera en su domicilio natal de la Rambla del Poblenou, en el primer exilio francés o en Santiago de Chile, solían recibir a Mercè Rodoreda, Anna Murià, Pere Calders, Joan Oliver o Rafael Tasis. Hijo del escritor Xavier Benguerel i Llovet (Barcelona 1905-1990), novelista del obrerismo barcelonés de primeros de siglo y premio Planeta 1974, Xavier Benguerel i Godó pensó en la tradición literaria y cultural de su familia el pasado mayo cuando estrenó El cementiri marí, obra sinfónica basada en el poema homónimo de Paul Valéry, traducido al catalán por su padre; a la postre su última obra. El compositor fallecido este jueves a los 86 años de edad en Barcelona.
Xavier Benguerel nació en Barcelona en 1931 y vivió hasta 1954 en Chile, donde inició estudios musicales. Siendo su padre directivo de la Institució de les Lletres Catalanes, toda la familia se exilió en 1939. A la vuelta fue alumno del eminente Cristòfor Tatabull y pronto se interesó por la etnomusicología que difundió Béla Bartók. Sus primeras composiciones, Cantata d'Amic i Amat (1959), que lo dio a conocer internacionalmente en 1960 cuando la estrenó en Colonia, Concert per a dues flautes y Nocturn dels avisos denotan la influencia de Bartók y de las tendencias seriales de la escuela de Viena.
A finales de los sesenta, su interés por la escuela de Viena se plasma en Paraules de cada dia (1967), Dialogue orchestrale y Joc i música Riservata, ambas de 1969. A partir de ese momento, Benguerel escribe algunas de sus conciertos más reconocidos: Concert per a orgue (1970), Concert per a guitarra (1971) y Concert per a violoncel (1977). Ese mismo año recibió el prestigioso premio Luigi Dallapicola. Raíces hispánicas (1978), Astral (1979) y Tempo (1983) son otras composiciones notables de aquella época.
En 1984, el estreno de la opera Spleen, sobre el sexo, el arte y las drogas de reminiscencias de Baudelair y primera escrita originariamente en catalán, obtuvo un enorme éxito que se prolongó el año siguiente en Frankfurt. El libreto era de Lluís Permanyer i la escenografía del pintor Joan Josep Tharrats. Pero la composición más conocida de Benguerel fue, sin duda, el Llibre vermell, obra basada en los cantos y danzas del siglo XIV recogidos en el códice del mismo nombre que se conserva en el monasterio de Montserrat. Se estrenó en el Liceo en 1988 y se han efectuado audiciones en numerosos teatros de todo el mundo. En 1993 estrenó Te Deum. En junio de 2011 estrenó en el teatro Real Jo, Dalí, ópera escrita por encargo del ministerio de Cultura para conmemorar el centenario del nacimiento del pintor de Figueras. La obra se estrenó aquel octubre en el Liceo. Pero Xavier Benguerel no fue solo compositor de obras de gran formato. Canciones, piezas para un solo instrumento y todo tipo de géneros musicales jalonan su trayectoria.
En el 2014 recibió la Creu de Sant Jordi de la Generalitat y, recién recuperado de una trombosis pulmonar, el año siguiente fue galardonado con el premio Tomàs Luís de Victoria de la SGAE. Su fondo personal está depositado en la Biblioteca de Catalunya. Carles Guinovart y Tomás Marco, Jesús Rodríguez Picó y Jorge de Persia han escrito sendos libros sobre Benguerel.

7/8/17

Jesús Tuson, lingüista

Toda civilización tiene una lengua que la describe. Explicar una cultura en otra lengua es falsear la realidad, es contar otra cosa. Por eso una lengua ha de estar al servicio de quien la habla, sean muchos o pocos. Porqué el valor de una lengua no depende de la cantidad de hablantes, sino del relato que expone. El sentido de hablar una lengua, sea grande o pequeña, es un derecho universal del ser humano, que nadie pone en duda cuando se trata de idiomas mayoritarios de grandes territorios, pero que se pone en cuestión cuando de ciudadanos de culturas pequeñas, o supuestamente multilingües, se trata. En el mundo hay casi 6.000 lenguas y unos 200 estados. Supeditar una lengua a la rentabilidad comunicativa es homogeneizar el pensamiento, empobrecer el mundo. Por esta regla de tres, deberían desaparecer 5.800 lenguas. La diversidad lingüística es ecología social. Porqué para Jesús Tuson (València 1939), la lengua era un patrimonio natural. El lingüista, catedrático de filología y fundador del Departamento de lingüística de la Universitat de Barcelona, falleció el sábado pasado en Barcelona a la edad de 77 años, según dio a conocer el Grup d’Estudis de les Llengues Amenaçades (GELA).
Dedicado a la docencia durante más de cuatro décadas y profesor de miles de alumnos de la UB, extremadamente afable, sin caer jamás en extremismos, supeditando toda argumentación a la ciencia y dejando de lado expresamente la política, Tuson tuvo un don especial para explicar la Historia de la Lingüística, la Semántica, la Poética o la Teoría e Historia de la Escritura; algunas de las asignaturas que impartió en la Universitat de Barcelona, de la que fue profesor hasta el 2009, cuando se jubiló. Antes había contribuido a crear el Departamento de lingüística, pionero en la universidad española.
Autor de una sólida obra divulgativa, y muy popular, con libros como ‘El luxe del llenguatge’ (1986), ‘Mal de llengües’ (1988), ‘Històries naturals de la paraula’ (1998), ‘¿Com és que ens entenem?’ (1999), ‘Una imatge no val més que mil paraules’ (2001), ‘Patrimoni natural’ (2004), ‘Lletres sobre lletres’ (2006), ‘Això és (i o és) allò’ (2008), ‘Paraules en la corda fluixa’ (2009) o ‘Quinze lliçons sobre el llenguatge (i algunes sortides de to)’ (2011), contribuyó decididamente a difundir la importancia de las lenguas minoritarias y a desterrar no pocos prejuicios y tópicos lingüísticos de muchas personas. “Una lengua es un mecanismo complejo, i nunca una niña ha tenido fiebre por aprender las oraciones subordinadas adjetivas”, dijo en respuesta a unas familias que se mostraron aterradas por que sus hijos tuvieran que aprender catalán. “El lenguaje es una posesión humana; es aquello que nos distingue de las ratas y los chimpancés; preguntarse el por qué es algo que sólo existe en el cerebro lingüístico de la gente, en ningún otro lugar. Por eso no se debe perder ninguna lengua”, había dicho.
El Conseller de Cultura de la Generalitat, Lluís Puig, ha tuiteado: “Tristes por la muerte del lingüista Jesús Tuson, figura central en la difusión de la importancia de las lenguas minoritarias. Perdemos un referente”. Para la profesora Carme Junyent, compañera de Tuson en el Departamento de Lingüística de la UB: “En su obra hay un antes y un después, que no solo se refleja en la lengua, sino también en la forma de abordar la lingüística”. Para el profesor de la UB, Xavier Vila: “Leer su obra es una vacuna contra cualquier tipo de supremacismo idiomático”.
El entierro de Jesús Tuson tuvo lugar el domingo a mediodía en el Tanatorio de la Ronda de Dalt de Barcelona.